La familia de Secundina

La familia de mi bisabuela Secundina no se parece nada a la de su familia política, los Sanjurjo Pérez de la que os he hablado hasta ahora. De origen agrario se movían por otro tipo de reglas sociales, que a mi, personalmente me chocaban muchisimo cuando Josi me las contaba. Yo os he hablado un poco de su padre, Francisco Mollón Alonso , un agricultor acomodado de caracter, diriamos "recio". Francisco se casó con un buen partido de la época, María Antonia Canle Arébalo, de la que sabemos muy poca cosa, su nieta la recordaba vagamente como una señora cariñosa, que abuela no lo es, y con una larga trenza blanca, que era tan grande que solía atarla al mandil para que no le molestase. Maria Antonia era hija de José Antonio Canle Baradela , un pequeño cacique de la zona conocido por "beizos de merlón" (labios de merlón, un pez parecido a la maragota de labios muy sobresalientes) y sobrina del "Cura Canle" un sacerdote muy conocido en la zona, con veleidades políticas y que manejaba a su antojo a la parroquia, llegando a pagar una pequeña capilla en su parroquia.
Francisco y Maria tuvieron siete hijos Francisco, Secundina, María, Emilio, Jose Antonio, Pepita y Pilariña. De los chicos se poca cosa, que Emilio (Milucho) emigró a EE.UU y Francisco a Argentina, pero paseando por internet me encontré casualmente el arbol genealógico argentino del mayor, Francisco.
Pero fue la estratégia matrimonial de las chicas lo que mas me llamó siempre la atención.
María y Secundina eran de edades muy parecidas, ya os conté que un vecino, Benito pretendió y fue rechazado por Secundina, que esperaba a su noviete emigrante, María en un aparte se acercó a su hermana y tuvieron la siguente conversación:

- ¿Vas a collelo?
- Non
- Pois a min valeme
(¿Vas a cogerlo?, no, pues a mi me vale)
...Y María se casó con Benito, ante la mirada agradecida de Secundina. Sin embargo la historia no remata aquí, María desgraciadamente se murió en 1919, en un "andazo" de la tristemente famosa gripe española que diezmó la población gallega en este año. Benito se quedó viudo, con una niña pequeña, y se siguió la estratégia de la época, buscar una hermana de la mujer para que cuidase a su sobrina. La única que quedaba era Pilariña, la más pequeña que tenía otros planes, que consistían basicamente en no querer casarse con el viudo de su hermana, mucho mayor que ella. Pilariña, protestó, y entre lloros, berinches y pataletas se negó en redondo. Ya desesperada ante la presión familiar se fue de casa, pidiendo asilo en la panadería, en casa de su hermana Secundina.
Su fuga duró poco, su padre fue a buscarla y se cuenta que Benito, con el permiso de su suegro la llevó a un pajar....lo que hizo que el matrimonio fuera inevitable. Pese a estos inicios tan "moviditos" Benito y Pilar tuvieron una vida de casados muy tranquila y apacible, cuatro hijos y se cuenta que fueron razonablemente felices.
(Las fotografías no corresponden con la historia, no se conservan fotos de ellos, pero he decidido poner fotos de Sada a principios de siglo, la que vivieron ellos, del pueblo y de la zona rural)







homesdepedraenbarcosdepau dijo
Parece mentira que tan so fagan menos de cen anos dende que aconteceron eses sucesos, parecen cousas de un mundo extinto e moito mais afastado no tempo.
Aínda hoxe hai diferencia entre o agro e a cidade ou a vila , para mais naqueles tempos onde se podía vivir a 50 quilómetros de unha cidade toda unha vida e non habela pisado nunca.
Supoño que seria un alteración notable na vida de calquera da aldea pasar a vivir de un día para outro na cidade , diferentes valores e diferente concepción da vida.
Unha vez fixen de anfitrión para unha escursion de xente da terceira idade do interior da península que viñan a Muros para ver o mar por primeira vez e a expresión de asombro nas súas caras quedoume gravada.
Imaxínome a Secundina e mailas súas irmas con esa mesma expresión na súas facianas.
Unha aperta, Marta
4 Mayo 2007 | 11:21 PM