Manuela, la abuelita

Esta señora es Manuela Pérez López, la mujer de Miguel Sanjurjo Badía. Su vida, que, en su juventud probablemente tendría unas prespectivas muy felices, fué muy compleja y en muchas ocasiones muy dificil, y siempre la enfrentó con gran valentía, os cuento.
He conseguido seguir su linaje y parte de sus propiedades hasta principios del siglo XVIII, gracias a unos documentos antiguos que estaban en el desván de la casa de las tías y que me dió Carmen hace un montón de tiempo.
Manuela era la única hija de Policarpo Pérez Vaamonde, un rico propietario, muy bien situado económica y socialmente cuyas rentas provenían de la propiedad de tierras y la gestión de comercio. En los documentos se puede apreciar como dedicó una buena parte de su fortuna a ampliar sus propiedades, lo mismo que antes hicieron su padre Andrés Pérez "o mozo" y su abuelo Andrés Pérez "o vello". Su madre, María López Calvo, también venía de una familia de grandes propietarios que se dedicaban a la gestión de propiedades agrícolas,propiedades que ampliaron su padre Luis López de Dios y se remonta a Baltasar López de Chuco, su abuelo.Parece ser que también era pariente lejana de Eduardo Dato, quien la visitaba esporádicamente cuando iba por Sada. Con este árbol genealógico a Manuela se le presentaba un futuro sin penalidades, por lo menos económicas.
Nació en 1839 y, tras una infancia y juventud que imaginamos tranquila y sin problemas, conoció a Miguel, un hombre un poco más joven que ella y de gran carisma, con el que se casó. Con esta boda su vida se tansformó; desde el principio tuvo problemas con su suegra, se quedó huerfana prematuramente y su marido pasó a gestionar sus propiedades - parece que con más generosidad de lo que a ella le hubiera gustado- cosa que, por otra parte era lo habitual de la época.
Fué una gran madre, recordada con mucho afecto por sus hijos y nietos. De todos sus hijos, ocho llegaron a la madurez-. María, Miguel Antonio (mi bisabuelo), Manola, Carmen, Antonio, Avelina, Miguel Pablo (conocido como Manolo) y Josefa - pero se le murieron varios en la infancia, lo que la marcó mucho, sus nietos recuerdaban las historias que les contaba de esos niños, los mas guapos, listos y espabilados del mundo.
Su matrimonio se fué deteriorando con el tiempo, parece que algunas decisiones sobre el futuro de los hijos, el derroche económico y la amistad de Miguel con Doña Emilia Pardo Bazán influyeron bastante. Doña Emilia, una mujer adelantada a su tiempo, liberal y feminista frecuentaba la compañía de Miguel, ella misma lo reconoce en un articulo de "El Imparcial" del 8 de Septiembre de 1890 que en sus estancias en Meirás veía al Habilidades (apodo que heredaron todos los hijos del relojero ) al menos una vez a la semana.

La amistad entre Miguel y Doña Emilia, fraguada a través de la tertulia que tenía él y numerosos paseos y salidas a pescar, dió mucho que hablar en el pueblo, lo que no debió de gustar nada a Manuela, una mujer conservadora en las formas y costumbres. A esto hay que añadir la provervial "generosidad" de Miguel con el dinero, que aplicó sin medida a esta amistad, llegando a comprar un barco de recreo, lo nunca visto en Sada, un pueblo marinero, con el que, por lo visto salían a recorrer las rías vecinas. De esta amistad quedaron bastantes libros de la Pardo Bazán autografiados y dedicados a Miguel, pero, desgraciadamente, no se conservan, su hija Avelina, muchos años despues, los mandó quemar.
Manuela, ante la crisis de su matrimonio tomó una decisión, sin duda, muy valiente para la época: Con los hijos ya criados, rompió de hecho su matrimonio, imposible hacerlo de derecho y retomó el control de parte de sus finanzas, ya bastante menguadas por aquella época. Esto era algo extraordinario en una época, el siglo XIX, en la que los matrimonios eran para toda la vida,y pasara lo que pasara, el control económico de las finanzas familiares lo mantenía el hombre. Ella se quedó a vivir en su casa y Miguel se fué a la zona de la playa:"Las Delicias" donde estaba su fábrica de cerámica. Sin embargo, cosas de la época, ella continuó mandandole todos los días la comida preparada en casa.
Tras esto se compró una casa en A Coruña, donde pasaba los inviernos y volvía a la de Sada de Mayo a Octubre. Su vejez no fue tranquila, su hija Carmen, maestra en ejercicio, perdió la cabeza. Despues de varias escenas públicas, le diagnosticaron una enfermedad mental (sin tratamiento eficaz en la época) y ella se convirtió en su enfermera, papel muy dificil en una enfermedad de ese tipo, hasta su muerte, en 1930. Carmen la sobrevivió, ya os contaré su historia.
En su testamento pidió ser amortajada lo más modestamente posible, y que el día de su muerte y su cabodano se repartiesen entre los pobres de Sada 30 pesetas.
Murió casi centenaria, tuvo que soportar la pérdida del marido, de una de sus hijas, de varias nueras y de algunos nietos, lo que la fué dejando cada vez más entristecida. Sin embargo, nada parecía doblegar a esta mujer tan fuerte, conocida por sus nietos como "la abuelita", a la que recuerdan como una mujer muy entrañable y entre otras cosas, por su larga trenza blanca y por las monedas que repartía todos los domingos, cada vez que la iban a visitar.




csar dijo
navegaba perdido hasta dar a tu blog.
no esta nada mal!
saludossssssssssssss
26 Febrero 2007 | 12:22 AM