Mi bisabuela, la segunda mujer de Miguel Sanjurjo Pérez, fue, en mi opinión, una mujer infeliz. De lo que me han ido contando me parece entrever una mujer resignada a la vida que le tocó vivir, pero que no parecía disfrutar mucho con nada.
Secundina Mollón Canle nació en 1892, en A Serra, por la zona de la Chaburra, la Sada rural. Este origen agrario la hacía diferente, en un pueblo en el que la actividad marinera y comercial eran las mas representativas y las que ostentaban el poder. Su padre Francisco Mollón Alonso, era un agricultor acomodado, bastante autoritario que llamaba la atención por su altura y por su gesto hosco. Debió ser tan obvio que la gente comentaba su caracter huraño, incluso las comparsas de Carnaval de la época se metían con el cantando el estribillo "Mollón non necesita can que lle garde a casa".
Su madrina fue su prima, una señorita con posibles, Secundina Pérez Mollón , una mujer fundamental en su vida, de ella heredó el nombre y, unos veinte años más tarde, el marido y los hijos.
Pasó su infancia y juventud en A Serra, y de adolescente se echó un novio de la zona, incluso llegaron a hacer planes de boda: el se iría a Nueva York, emigrado, donde tenía parientes y ella le esperaría aquí, hasta que llegase con el dinero suficiente para poderse independizar. El rapaz se fue, quedaron en escribirse... Secundina escribía cartas y esperaba las de su novio, que no llegaban, esperó varios años resistiendose entre lloros y berrinches a las presiones de su padre que la quería casar con Benito, un vecino que "la pretendía".
Despues de un año las cartas seguían sin llegar y su padre empezó a presionar con otro matrimonio, esta vez el "pretendiente" era Miguel Sanjurjo, el marido de su madrina, recien enviudado y con dos niños de 10 y 9 años, resistirse fue imposible y acabó cediendo: se casaron en 1911. Secundina se fue a vivir encima de la panadería, a una casa completamente montada en la que aún se lloraba a su madrina y se convirtió inmediatamente en madre de dos niños a los que les llevaba escasamente 10 años y que la rechazaban de pleno, negándose a considerarla su madre y "haciendola de menos" al considerarla una aldeana.
Cuando murió Mollón, encontraron las cartas de Secundina, que nunca se llegaron a mandar y algunas del noviete, reclamando noticias. Por lo visto el muchacho nunca volvió a Sada, se quedó toda su vida en EE.UU..
En su vida de casada se enfrentó al rechazo de sus hijastros, y de varias de sus cuñadas, especialmente la tia Carmen , que por lo visto disfrutaba haciendole la vida imposible, de joven la trataba de aldeana y quería refinarla, algo que Secundia nunca admitió y siguió vistiendose de falda larga, refajo y pañuelo en la cabeza, mientras sus cuñadas se preocupaban muchisimo de la moda. Al final de su vida, ya viuda, cuando la tia Carmen se fue a vivir a su casa, se dedicaba a sentarse toda la noche en su habitación, mirando como dormía, dandole unos "sustos de muerte". Es esa época, Secundina tuvo muchos problemas para dormir, hasta tal punto que Ramiro , su primo y vecino, se tuvo que llevar a la tia Carmen, ya muy enajenada, a su casa.
Fue madre de siete hijos, mi abuela Maruja, Pepe, Carmen, Manolo, Antonio,Josi y Pila. Pero hasta en eso tuvo mala suerte, los hijos salieron estupendos pero la vida le deparó muchos disgustos: Carmen nació "defectuosa", tenía la pierna izquierda sensiblemente mas corta que la otra, la cadera deforme y tan solo tres dedos en una mano izquierda. Secundina siempre creyó que estas malformaciones se debieron a una caída cuando estaba embarazada, lo que hizo que protegiera especialmente a esta niña. Por si fuera poco, su hijo Manolo perdió, de niño, una pierna arrollado por el tranvía, y su hijo Pepe, el que la iba a cuidar hasta la muerte, su ojito derecho, murió en la guerra civil.
Mi madre recuerda la impresión del momento en que le dieron a Secundina la noticia de la muerte de Pepe. Tenía tres años, pero recuerda estar en brazos de su abuela cuando alguien llegó con la terrible noticia, Secundina dejó a la niña en el suelo, que se aferró a sus faldas y tan pequeña notó el dolor y el desamparo...es su primer recuerdo, debió ser desgarrador.
Cinco años antes de la muerte de Pepe, en 1933, se había quedado viuda, en el lecho de muerte le pidió a su marido que dictase un testamento que la amparara a ella y a sus hijos, pero Miguel se negó. Le dijo: "Confía en Pepe, el te protegerá" y se quedó viuda con siete hijos, la más pequeña de 9 años, con una herencia que partir en unos momentos muy dificiles de la historia de este pais.
La herencia de Miguel fue repartida de la siguiente manera: la mitad de la casa y sus muebles para los hijos de la primera mujer, y la otra mitad se repartiría entre todos los hijos, los nueve. Secundina trató retrasar las partijas mas allá del remate del luto. ya que la dejaban, a ella y a sus hijos, casi en la ruina. Pero Concha y Miguel, los hijos del primer matrimonio, tenían prisa y en un momento tan dificil, en el que el pais estaba en guerra, hubo que malvender casi todas las propiedades para quedarse con el negocio que les garantizaba la subsistencia y así pagar su parte a los herederos.
Murió en 1940, en la inmediata posguerra, la época del racionamiento y las estrecheces, con 48 años, en Santiago. Fue allí, al Hospital del Doctor Puente Castro, ya en condiciones muy precarias de salud, en lugar de ser ingresada, se alojó en una pensión con dos de sus hijas, Maruja y Carmen para no tener que pagar los gastos hospitalarios. Vivió allí aproximadamente un mes, los médicos no pudieron hacer nada, murió en la pensión, con la pena de dejar a sus hijos huerfanos tan pequeños y en unas condiciones económicas tan dificiles.
El traslado de su cadaver a Sada fue toda una odisea, aún no hacía un año que había terminado la guerra, y había controles aduaneros en todos los municipios por los que pasara un coche fúnebre, con sus correspondientes tasas. No se disponía de tanto dinero. Su yerno, mi abuelo Pancho , se acercó a Santiago a echar una mano y para no pagar los gastos del traslado del cadaver negociaron con un taxista que les ayudó a trasladarla. El viaje de vuelta a Sada lo hicieron en taxi, con su madre muerta entre las dos chicas, incluso las pararon en un control, y tuvieron que asegurar que estaba dormida !! Estremecedor¡¡.
No tengo fotos suyas, las pocas que había las quemó en uno de sus arranques su cuñada Carmen . Parece ser que tampoco había muchas, de pequeña no se las hiceron y ya casada todas sus hijas recuerdan que no le gustaba fotografiarse, sólo tenía las necesarias para la documentación y una que quedaba, la llevaba su hija Carmen en un libro de rezos que se perdió en la en la Iglesia, con gran disgusto de Carmen. LA foto que ilustra el post es de la llegada del tranvia a Sada, de 1922, la casa que tiene la bandera, con los balcones llenos de mujeres es la de la tia Manola, la casa gemela de la izquierda es la panadería, a sus puertas salieron los clientes para verlo llegar. Secundina seguramente estaría allí, en una u otra de las casas, y me gusta pensar que es una de las mujeres que aparecen en la foto. Aquí os dejo el recorte, no se cual puede ser, en 1922 tenía 30 años.